¿Qué vemos acerca de lo que enseñamos? ¿Qué enseñamos? ¿Para qué? ¿A favor de quienes? ¿El contenido escolar permite entender el mundo, averiguar sobre él, interpretar y transformarlo?
Foto:
M C ESCHER, Ojo mediatinta.
1946
La
escuela es un lugar donde se enseñan contenidos necesarios para la
comprensión y participación en la vida política de nuestras
sociedades.
La
escuela debe mirar especialmente a aquellos niños que fracasan, debe
detenerse en contextos vulnerables donde muchas veces es difícil
acceder. La escuela debe garantizar a todos, los conocimientos y las
competencias que le permitan insertarse en la sociedad. Pero ¿qué
miramos en las escuelas, estamos atentos a la diversidad cultural, a
los empobrecidos, a los qué fracasan?
Es
importante que podamos aprender a ver cuáles son los signos que se
presentan en el día a día en la escuela. Eduardo Galeano en uno de
sus libros acerca del arte nos dice:
“Es
mediodía y James Baldwin está caminando con un amigo por las calles
del sur de la isla de Manhattan. La luz roja los detiene en una
esquina.
-
Mira- le dice el amigo, señalando el suelo.
Baldwin
mira. No ve nada.
-
Mira, mira.
Nada.
Allí no hay nada que mirar, nada que ver. Un charquito de agua
contra el borde de la acera y nada más. Pero el amigo insiste.
-
¿Ves? ¿Estás viendo?
Y
entonces Baldwin clava la mirada y ve. Ve una mancha de aceite
estremeciéndose en el charco. Después, en la mancha de aceite ve el
arco iris. Y más adentro, la calle pasa, y la gente pasa por la
calle, los náufragos, los locos y los magos, y el mundo entero pasa,
y así, gracias a un amigo, Baldwin ve, por primera vez en su vida
ve.”
Creo
que como docentes y directivos tenemos que encontrar estrategias y
signos que nos muestren una nueva estrategia de juego desde el
desconcierto, desde el no poder ver de Baldwin. Si sabemos ver, y
cuestionamos nuestras propias formas de ver estamos en el umbral de
la creación.
Muchas
son las escenas escolares que podemos ver más allá de la mancha de
aceite que nos propone Galeano: sólo es cuestión de ser capaces de
pensar nuestras sensaciones, evitando que la potencia que encierran
sea opacada por un conjunto de representaciones incapaces de alojar
las diferencias.
Debemos
redescubrir nuestra tarea a partir de cuestionar nuestras prácticas,
¿Por qué seguimos trabajando en esto? ¿Qué fue
lo que nos motivó en un comienzo? ¿Es posible rastrear todavía
algún deseo de transformación de la realidad en nuestros motivos
para seguir enseñando? ¿Qué nos impulsa a recomenzar cada día?
¿Cómo habla nuestra esperanza? ¿El viento del pragmatismo se llevó
todas las utopías?
La
educación es el acto de abrir, de ofrecer un sitio para que el que
viene pueda habitarlo sin ser reducido a la lógica de la
normalización y el acto de educar representa una puesta a
disposición del otro de todo aquello que le posibilite ser distinto
de lo que es en algún aspecto.
Resalto
la posibilidad de una educación que apueste a recorrer un itinerario
plural y creativo, sin patrón ni reglas rígidas que encorseten el
trayecto y enfatice resultados excluyentes.
Ni
la resignación ni la desesperanza pueden orientar la tarea de
“educar”. ¿Hay que redoblar la apuesta por la enseñanza y
ampliar, de esa forma, las alternativas y posibilidades de
aprendizaje? ¿Es posible pensar en otro tipo de enseñanza que
permita atraer a los jóvenes al sistema educativo?
Si
pensamos
en
otro
tipo
de
aula,
¿se
podrá
generar
el
vínculo
de
contención
y
lograr
un
modelo
de
docente
mediador
de
conflictos
cognitivos?
¿Podemos
pensar
en
una
escuela
donde
se
aprende
con
otros,
donde
los
jóvenes
elijan
quedarse,
para
encontrar
en
ella
el
reconocimiento
de
sus
saberes,
el
desafío
que
produce
la
búsqueda
del
conocimiento,
la
posibilidad
de
proyectarse
en
el
futuro?
¿Podemos
imaginar
un
sistema
que
integre,
incluya
y
no
excluya
a
los
alumnos
por
sus
diferentes
tiempos
y
posibilidades
de
adquirir
los
saberes?
¿Es
posible que educar se transforme en un acto de creación de cultura,
en un proceso de producción, recreación y creación, y no meramente
en transmisión pasiva de conocimiento y saberes culturales?
¿Podremos
imaginar una escuela sin ataduras a lo escolar con distribución
diferente del tiempo y el espacio escolar, con nuevos dispositivos
curriculares y organizacionales y con docentes que buscan nuevos
modos de intervención para hacer del pasaje por la escuela una
experiencia educativa y dispongan de un abanico de estrategias
didácticas y tecnológicas?
Cuántas
son las preguntas y utopías que puedo empezar a ver pero...¿Qué
sucede en las prácticas cotidianas?
A
lo largo del tiempo, la escuela ha ido construyendo un currículum en
el que determinados saberes se han considerado como válidos o
valiosos. Se hizo hincapié en la idea de un sujeto racional y se fue
perdiendo la idea de un sujeto libre, con capacidad de participar y
de decidir.
Muchas
veces cuando hablamos de contenidos, imaginamos: arte, historia,
geografía, ciencias, matemáticas, es un discurso instalado en
nuestra cultura escolar. Pero no siempre escuchamos ¿qué queremos
enseñar? ¿qué queremos que aprendan? ¿qué transformaciones vamos
a propiciar que se produzcan en los alumnos, en su conciencia, en el
contexto? ¿Todos necesitamos a un otro para aprender? Pero ese otro
¿siempre es visto, acompañado, tenido en cuenta, a veces nos
resulta una amenaza? ¿Todos pueden aprender? ¿Las condiciones
sociales son óptimas para que se pueda aprender?
Ante
las preguntas que me formulo surgen estas voces de los docentes:
“Como
Institución no nos hemos propuesto analizar los contenidos
curriculares aunando criterios”
“Lo
que nos pasa es que hemos priorizado más el “como”
que el “que”
y el “para que”
enseñamos en la escuela.
“No
sé como acompañar una selección, un recorte y una articulación de
los contenidos”
“Nunca
me he planteado el contenido escolar como el sentido que la escuela,
los docentes ofrecemos a los alumnos de cara al mundo”
“Esto
lo enseñamos porque siempre fue así...”
“No
sé para qué enseño muchos temas...”
¿Qué
esbozo de respuestas puedo dar ante esto?
Tomo
la idea de la clase de Patricia Cesca en donde dice que incluir a
todos en la escuela es una función eminentemente política de la
escuela en la medida que construye el espacio de lo colectivo.
La
escuela es un espacio privilegiado para la sistematización de la
cultura: cultura que es leída, analizada, creada, recreada,
interpretada. El mal del aula es que es vista y actuada por todos
como si fuera una fuente distribuidora de cultura muerta.
El
conocimiento necesita de un proceso pedagógico que permita generar
en los sujetos un compromiso político a favor de los excluidos. El
contenido escolar como conocimiento debe permitir, partiendo de una
realidad dada, entender el mundo, averiguar sobre él, interpretar y
transformarlo. Conocer es descubrir y construir. En la búsqueda del
conocimiento se articula lo estético, lo ético, lo social, lo
epistemológico.
El
proceso de construcción del conocimiento es activo, participativo y
consciente, y permite que las personas más necesitadas, puedan
tomar sus decisiones en forma autónoma
Construir
conocimiento en torno a la realidad, permite la transformación de la
conciencia y la transformación de situaciones de necesidad y pobreza
de la realidad circundante. Conocer debe ser sinónimo de una nueva
mirada sobre la realidad y sobre uno mismo.
El
sujeto aprende a través de su propia acción transformadora sobre
ese mundo. Es él el que construye sus propias categorías de
pensamiento, organiza su mundo y transforma su mundo.
Cada
uno, a su modo, junto con los otros, puede aprender a descubrir
nuevas dimensiones y posibilidades de la realidad de la vida. La
educación se convierte en un proceso de formación común y
permanente. Los docentes y los alumnos son investigadores críticos.
Creo
importante pensar la escuela como “comunidades de aprendizaje” en
donde se posibilite el ejercicio de democracia y de diálogo crítico,
una educación para el planeamiento comunitario y participativo, una
oportunidad en donde la ciencia se abre e interpreta desde las
necesidades populares. La ciencia no parte de categorías absolutas,
lejanas, con aparente neutralidad. La ciencia se liga al trabajo, a
las pobrezas, a las carencias, a las luchas, a los sufrimientos y los
gozos, a la vida cotidiana , a la indagación referida por ejemplo: a
la ecología, a las necesidades humanas fundamentales, ligadas al
saneamiento básico del agua, del aire, de la tierra.
Es
importante una selección de contenidos con sentido y articulados con
otros (saberes del lugar, contenidos de otras áreas, otros
contenidos específicos) en torno a una intencionalidad claramente
definida por los docentes. Trabajar con proyectos integrados es una
vía para ello.
Se
supone que no existe un currículum ni una enseñanza óptimos, ni
únicos ni siquiera eficaces. Todo currículum y toda enseñanza son
una opción social, cultural y metodológica y que necesita
procedimientos de debate y análisis para su mejora progresiva
A
modo de propuesta para mirar de otro modo los contenidos que
enseñamos....
- Cambiar el lugar desde el que se mira, cambia también la mirada
- Empezar a descubrir que aquellas cosas que tienes claras y sabidas no lo son tanto.
- Que las cosas que siempre dimos por necesarias son prescindibles.
- Los alumnos menos favorecidos te ayudan a comprender el para qué de la educación.
- Mirar la realidad con otros ojos nos ayuda a entender la justicia educativa más allá de la simple cobertura. Nos revela que se trata de preparar para la vida: para el trabajo productivo, para la responsabilidad ciudadana, para la vida familiar.
- La escuela necesita educar la competencia del discernimiento, subrayar valores olvidados tales como creatividad, participación, compromiso con los pobres, interpretación, comprensión de la vida, contemplación, sentirse bien disfrutando de aprender, el encuentro de las personas y no resaltar otros como: aprobación, rentabilidad, ascenso, confort, competitividad, etc
- Hacer más consciente la historicidad del saber ya que encontramos en su origen el sentido de su nacimiento, a qué problemática respondió, para qué fue pensado, dentro de qué paradigmas...
- Encontrarle sentido a los saberes en relación con las problemáticas éticas, sociales, de nuestros alumnos, de la vida contemporánea.
- Dialogar con los contenidos desde otros lugares no tan habitados por nosotros. Siendo esta una de las clave generar el diálogo entre el docente y el saber descubriendo por qué y para que enseño este contenido.
Por
último un docente
…promueve
el diálogo crítico entre los saberes científicos y las preguntas
para poder entender y transformar el mundo.
…está
dispuesto a conformar comunidades de investigación reflexionando
sobre lo que vive y enseña.
…tiene
la tarea de promover la integración de los saberes tratando de
evitar un currículo fragmentado y la especialización atomizante.
…construye
su práctica a partir de la pedagogía de la pregunta, generando
interrogantes sobre el sentido de las cosas.
…busca
comprensión histórica de los contenidos que selecciona. (Origen,
contexto)
… es
un político porque se mueve en el terreno de la práctica
colaborando en la construcción de un proyecto común y en la
transformación de la realidad.
BiBLIOGRAFÍA
CONSULTADA
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