domingo, 1 de septiembre de 2013

Las imágenes y las lecturas...

Peligro... ¿Qué mira la escuela? 

¿Qué vemos acerca de lo que enseñamos? ¿Qué enseñamos? ¿Para qué? ¿A favor de quienes? ¿El contenido escolar permite entender el mundo, averiguar sobre él, interpretar y transformarlo?


Foto: M C ESCHER, Ojo mediatinta.
1946


La escuela es un lugar donde se enseñan contenidos necesarios para la comprensión y participación en la vida política de nuestras sociedades.
La escuela debe mirar especialmente a aquellos niños que fracasan, debe detenerse en contextos vulnerables donde muchas veces es difícil acceder. La escuela debe garantizar a todos, los conocimientos y las competencias que le permitan insertarse en la sociedad. Pero ¿qué miramos en las escuelas, estamos atentos a la diversidad cultural, a los empobrecidos, a los qué fracasan?
Es importante que podamos aprender a ver cuáles son los signos que se presentan en el día a día en la escuela. Eduardo Galeano en uno de sus libros acerca del arte nos dice:

Es mediodía y James Baldwin está caminando con un amigo por las calles del sur de la isla de Manhattan. La luz roja los detiene en una esquina.
- Mira- le dice el amigo, señalando el suelo.
Baldwin mira. No ve nada.
- Mira, mira.
Nada. Allí no hay nada que mirar, nada que ver. Un charquito de agua contra el borde de la acera y nada más. Pero el amigo insiste.
- ¿Ves? ¿Estás viendo?
Y entonces Baldwin clava la mirada y ve. Ve una mancha de aceite estremeciéndose en el charco. Después, en la mancha de aceite ve el arco iris. Y más adentro, la calle pasa, y la gente pasa por la calle, los náufragos, los locos y los magos, y el mundo entero pasa, y así, gracias a un amigo, Baldwin ve, por primera vez en su vida ve.”
Creo que como docentes y directivos tenemos que encontrar estrategias y signos que nos muestren una nueva estrategia de juego desde el desconcierto, desde el no poder ver de Baldwin. Si sabemos ver, y cuestionamos nuestras propias formas de ver estamos en el umbral de la creación.
Muchas son las escenas escolares que podemos ver más allá de la mancha de aceite que nos propone Galeano: sólo es cuestión de ser capaces de pensar nuestras sensaciones, evitando que la potencia que encierran sea opacada por un conjunto de representaciones incapaces de alojar las diferencias.
Debemos redescubrir nuestra tarea a partir de cuestionar nuestras prácticas, ¿Por qué seguimos trabajando en esto? ¿Qué fue lo que nos motivó en un comienzo? ¿Es posible rastrear todavía algún deseo de transformación de la realidad en nuestros motivos para seguir enseñando? ¿Qué nos impulsa a recomenzar cada día? ¿Cómo habla nuestra esperanza? ¿El viento del pragmatismo se llevó todas las utopías?
La educación es el acto de abrir, de ofrecer un sitio para que el que viene pueda habitarlo sin ser reducido a la lógica de la normalización y el acto de educar representa una puesta a disposición del otro de todo aquello que le posibilite ser distinto de lo que es en algún aspecto.
Resalto la posibilidad de una educación que apueste a recorrer un itinerario plural y creativo, sin patrón ni reglas rígidas que encorseten el trayecto y enfatice resultados excluyentes.
Ni la resignación ni la desesperanza pueden orientar la tarea de “educar”. ¿Hay que redoblar la apuesta por la enseñanza y ampliar, de esa forma, las alternativas y posibilidades de aprendizaje? ¿Es posible pensar en otro tipo de enseñanza que permita atraer a los jóvenes al sistema educativo? Si pensamos en otro tipo de aula, ¿se podrá generar el vínculo de contención y lograr un modelo de docente mediador de conflictos cognitivos? ¿Podemos pensar en una escuela donde se aprende con otros, donde los jóvenes elijan quedarse, para encontrar en ella el reconocimiento de sus saberes, el desafío que produce la búsqueda del conocimiento, la posibilidad de proyectarse en el futuro? ¿Podemos imaginar un sistema que integre, incluya y no excluya a los alumnos por sus diferentes tiempos y posibilidades de adquirir los saberes?
¿Es posible que educar se transforme en un acto de creación de cultura, en un proceso de producción, recreación y creación, y no meramente en transmisión pasiva de conocimiento y saberes culturales?
¿Podremos imaginar una escuela sin ataduras a lo escolar con distribución diferente del tiempo y el espacio escolar, con nuevos dispositivos curriculares y organizacionales y con docentes que buscan nuevos modos de intervención para hacer del pasaje por la escuela una experiencia educativa y dispongan de un abanico de estrategias didácticas y tecnológicas?
Cuántas son las preguntas y utopías que puedo empezar a ver pero...¿Qué sucede en las prácticas cotidianas?
A lo largo del tiempo, la escuela ha ido construyendo un currículum en el que determinados saberes se han considerado como válidos o valiosos. Se hizo hincapié en la idea de un sujeto racional y se fue perdiendo la idea de un sujeto libre, con capacidad de participar y de decidir.
Muchas veces cuando hablamos de contenidos, imaginamos: arte, historia, geografía, ciencias, matemáticas, es un discurso instalado en nuestra cultura escolar. Pero no siempre escuchamos ¿qué queremos enseñar? ¿qué queremos que aprendan? ¿qué transformaciones vamos a propiciar que se produzcan en los alumnos, en su conciencia, en el contexto? ¿Todos necesitamos a un otro para aprender? Pero ese otro ¿siempre es visto, acompañado, tenido en cuenta, a veces nos resulta una amenaza? ¿Todos pueden aprender? ¿Las condiciones sociales son óptimas para que se pueda aprender?
Ante las preguntas que me formulo surgen estas voces de los docentes:
Como Institución no nos hemos propuesto analizar los contenidos curriculares aunando criterios”
Lo que nos pasa es que hemos priorizado más el “como” que el “que” y el “para que” enseñamos en la escuela.
No sé como acompañar una selección, un recorte y una articulación de los contenidos”
Nunca me he planteado el contenido escolar como el sentido que la escuela, los docentes ofrecemos a los alumnos de cara al mundo”
Esto lo enseñamos porque siempre fue así...”
No sé para qué enseño muchos temas...”

¿Qué esbozo de respuestas puedo dar ante esto?
Tomo la idea de la clase de Patricia Cesca en donde dice que incluir a todos en la escuela es una función eminentemente política de la escuela en la medida que construye el espacio de lo colectivo.
La escuela es un espacio privilegiado para la sistematización de la cultura: cultura que es leída, analizada, creada, recreada, interpretada. El mal del aula es que es vista y actuada por todos como si fuera una fuente distribuidora de cultura muerta.
El conocimiento necesita de un proceso pedagógico que permita generar en los sujetos un compromiso político a favor de los excluidos. El contenido escolar como conocimiento debe permitir, partiendo de una realidad dada, entender el mundo, averiguar sobre él, interpretar y transformarlo. Conocer es descubrir y construir. En la búsqueda del conocimiento se articula lo estético, lo ético, lo social, lo epistemológico.
El proceso de construcción del conocimiento es activo, participativo y consciente, y permite que las personas más necesitadas, puedan tomar sus decisiones en forma autónoma
Construir conocimiento en torno a la realidad, permite la transformación de la conciencia y la transformación de situaciones de necesidad y pobreza de la realidad circundante. Conocer debe ser sinónimo de una nueva mirada sobre la realidad y sobre uno mismo.
El sujeto aprende a través de su propia acción transformadora sobre ese mundo. Es él el que construye sus propias categorías de pensamiento, organiza su mundo y transforma su mundo.
Cada uno, a su modo, junto con los otros, puede aprender a descubrir nuevas dimensiones y posibilidades de la realidad de la vida. La educación se convierte en un proceso de formación común y permanente. Los docentes y los alumnos son investigadores críticos.

Creo importante pensar la escuela como “comunidades de aprendizaje” en donde se posibilite el ejercicio de democracia y de diálogo crítico, una educación para el planeamiento comunitario y participativo, una oportunidad en donde la ciencia se abre e interpreta desde las necesidades populares. La ciencia no parte de categorías absolutas, lejanas, con aparente neutralidad. La ciencia se liga al trabajo, a las pobrezas, a las carencias, a las luchas, a los sufrimientos y los gozos, a la vida cotidiana , a la indagación referida por ejemplo: a la ecología, a las necesidades humanas fundamentales, ligadas al saneamiento básico del agua, del aire, de la tierra.
Es importante una selección de contenidos con sentido y articulados con otros (saberes del lugar, contenidos de otras áreas, otros contenidos específicos) en torno a una intencionalidad claramente definida por los docentes. Trabajar con proyectos integrados es una vía para ello.

Se supone que no existe un currículum ni una enseñanza óptimos, ni únicos ni siquiera eficaces. Todo currículum y toda enseñanza son una opción social, cultural y metodológica y que necesita procedimientos de debate y análisis para su mejora progresiva
A modo de propuesta para mirar de otro modo los contenidos que enseñamos....

  • Cambiar el lugar desde el que se mira, cambia también la mirada
  • Empezar a descubrir que aquellas cosas que tienes claras y sabidas no lo son tanto.
  • Que las cosas que siempre dimos por necesarias son prescindibles.
  • Los alumnos menos favorecidos te ayudan a comprender el para qué de la educación.
  • Mirar la realidad con otros ojos nos ayuda a entender la justicia educativa más allá de la simple cobertura. Nos revela que se trata de preparar para la vida: para el trabajo productivo, para la responsabilidad ciudadana, para la vida familiar.
  • La escuela necesita educar la competencia del discernimiento, subrayar valores olvidados tales como creatividad, participación, compromiso con los pobres, interpretación, comprensión de la vida, contemplación, sentirse bien disfrutando de aprender, el encuentro de las personas y no resaltar otros como: aprobación, rentabilidad, ascenso, confort, competitividad, etc
  • Hacer más consciente la historicidad del saber ya que encontramos en su origen el sentido de su nacimiento, a qué problemática respondió, para qué fue pensado, dentro de qué paradigmas...
  • Encontrarle sentido a los saberes en relación con las problemáticas éticas, sociales, de nuestros alumnos, de la vida contemporánea.
  • Dialogar con los contenidos desde otros lugares no tan habitados por nosotros. Siendo esta una de las clave generar el diálogo entre el docente y el saber descubriendo por qué y para que enseño este contenido.
Por último un docente
promueve el diálogo crítico entre los saberes científicos y las preguntas para poder entender y transformar el mundo.
está dispuesto a conformar comunidades de investigación reflexionando sobre lo que vive y enseña.
tiene la tarea de promover la integración de los saberes tratando de evitar un currículo fragmentado y la especialización atomizante.
construye su práctica a partir de la pedagogía de la pregunta, generando interrogantes sobre el sentido de las cosas.
busca comprensión histórica de los contenidos que selecciona. (Origen, contexto)
es un político porque se mueve en el terreno de la práctica colaborando en la construcción de un proyecto común y en la transformación de la realidad.

BiBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Furman, M. y Zysman, A. (2001). Ciencias Naturales: Aprender a investigar en la escuela. Buenos Aires: Novedades Educativas.

Dussel, Inés (2006) El curriculum: aproximaciones para definir: Qué debe enseñar la escuela hoy. Versión Preliminar. Mimeo, Buenos Aires, FLACSO.

Rodríguez Manzini, S., Cesca, P. y Castagnola, J. (2001). Orientaciones para la construcción de un proyecto curricular . Buenos Aires: Stella.

Habermas J. (1999) La inclusión del otro. Estudios de Teorías Políticas. Barcelona. Paidós.

CHARLOT, Benoit, (1986) La epistemología implícita en las prácticas de enseñanza de las matemáticas, conferencia dictada en Cannes.

Salinas, (1994), “La planificación de la enseñanza: ¿técnica, sentido común o saber profesional? En Angulo y Blanco Teoría y desarrollo del curriculum. Málaga. Aljibe

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